Y el juez resultó ser parte implicada. El magistrado sueco que condenó a los creadores de The Pirate Bay, el conocido portal de torrents, es miembro de una asociación por la protección de los derechos de autor. El juicio podría repetirse, eso mismo solicitó la defensa de los condenados hace una semana. "Estas actividades no constituyen un conflicto de intereses", se escuda el juez. Para él, emitir la sentencia no fue un conflicto, fue un placer.
30-04-2009 - Mientras el tribunal de apelaciones se lo piensa, la popularidad de;The Pirate Bay y el ritmo de las descargas crecen (no hay mal que por bien no venga, dicen), y una tiene la crédula esperanza de que en España no se tome nota. Pero la crédula esperanza es puro espejismo. Con la Sociedad General de Autores y Editores(SGAE) presente, cuesta pensar que aquí no se inicien procesos similares. La SGAE tiene para todos. El presidente del consejo de dirección de la SGAE, Teddy Bautista defendió el pasado lunes en Barcelona que las teleoperadoras paguen una;"tarifa inteligente" para sufragar las pérdidas de derechos de autor derivadas de lo que ellos llaman piratería. Según él, el hecho de que las compañías telefónicas colaboren en los pagos de los derechos de los creadores (unos más que otros) es "una obligación cívica" que se está llevando a cabo en otros países. "¿Por qué aquí no?", se preguntó. "¿Por qué aquí sí?", me pregunto yo.
No se trata de defender a las teleoperadoras, porque ellas se defienden muy bien solas y algunas son capaces de desesperar al internauta más cauto con conexiones a la red que no son tan rápidas como lo contratado. Pero con tanta estrategia criminalizadora, navegar por la red y clicar sobre la opción descargar puede hacer sentir culpable a cualquiera.
De nuevo en Suecia (sí, el país paradigma del porvenir de la antipiratería) el proveedor Tele2 ha anunciado que quiere eliminar las direcciones IP que puedan servir para identificar a sus clientes. Esta actitud conocida hoy da un respiro a los derechos de los internautas y complicará la aplicación de una ley contra las descargas.
En España falta por ver si las teleoperadoras harán caso Teddy o si decidirán mirarse en el espejo de sus compañeros nórdicos.
Opinión de Carmen Fernández en ADN
Noticia enviada por: Jose Ruiz Valcarcel
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Se recrudece en los últimos tiempos la polémica sobre el uso de los contenidos en Internet, y se insiste en que el problema reside en que la Red ha acostumbrado a muchos, a demasiados, al “gratis total” con la cultura y la información, lo que resulta injusto para quienes se trabajan los contenidos e insostenible, porque no podremos disfrutar de cultura e información si la gente no paga por ellas. Y sobre la inconveniencia del “gratis total” han escrito recientemente dos autores con los que tan a menudo estoy de acuerdo: Arcadi Espada y Fernando Savater.
29-04-2009 - Convendría recordar que Internet que no ha hecho más que acelerar un proceso que viene de antiguo. Hace más o menos un siglo desde que comenzó a implantarse el “gratis total” respecto a la información y a la música con la aparición de la radio. Y hace más o menos medio siglo desde que la televisión nos terminó de acostumbrar al “gratis total” en esos campos y extendió la fórmula al terreno audiovisual.
El caso es que esas dos innovaciones tecnológicas permitieron la generalización de la apuesta por el “gratis total” que venían defendiendo los progresistas, de derechas y de izquierdas, desde hacía ya mucho tiempo, desde que comenzaron a proponer la necesidad de establecer una red de bibliotecas que hiciera posible que todos los ciudadanos tuvieran acceso a la cultura y a la información –entonces a los libros y a los periódicos– “gratis total”.
Y el acceso al “gratis total” ha sido uno de los dos factores determinantes –el otro, el incremento de la escolarización– que han hecho posible la importante elevación del nivel cultural de la población que se ha producido en el último siglo. Pese a lo mucho que nos llamen la atención las carencias educativas de hoy, no hay más que pensar en el nivel cultural imperante en los pueblos españoles antes de la llegada de la radio y de la televisión para darnos cuenta del alcance de la transformación producida.
Ahora, la aparición de otra tecnología de la comunicación, de Internet, permite que la aspiración de los antiguos progresistas a generalizar el acceso de las gentes a la cultura y a la información “gratis total” alcance una nueva dimensión. En efecto, Internet hace posible que accedamos a la información, a la música, al cine y a los libros de forma mucho más cómoda y eficiente. Así que sí, que Internet nos permite cumplir el sueño de extender el acceso de la población a la cultura y a la información “gratis total”.
Por supuesto que, hoy como ayer, defender el “gratis total” no debería significar negar el derecho de los autores de la cultura y la información a que su trabajo sea remunerado –cuando ese trabajo resulte de interés para otras gentes–. El problema, por lo tanto, no es que Internet nos haya acostumbrado al “gratis total”, sino que la industria cultural y los creadores no han sabido adaptar su negocio a la nueva tecnología. Es decir, no han sido capaces, como lo fueron con la radio y la televisión, de dar con la fórmula que les permita obtener beneficios del nuevo paso en la difusión de la cultura que ha supuesto Internet.
La industria cultural ha sido rehén de sus viejas fórmulas comerciales. El desesperado intento por mantener sus tradicionales redes de distribución la ha convertido en anacrónica en los tiempos digitales. Han pretendido comercializar sus productos por Internet a un precio de escándalo, esto es, al mismo o parecido precio al que los vendían en las tiendas de discos, los videoclubs o las librerías. Cobrar un euro por una canción, como cobra todavía iTunes, es un robo, como lo es cobrar lo que cobran por un libro que no necesita imprimirse ni distribuirse, o sea, un libro que no debería costar más allá del 30% de lo que cuesta en una librería. Si la industria cultural hubiera puesto en el mercado electrónico sus productos un 70% más baratos que en el mercado tradicional (lo que era y es perfectamente posible, y sin que disminuya el porcentaje de los autores), la situación sería hoy bien distinta… y serían mayores los ingresos de los creadores por sus derechos de autor (porque es obvio que a esos precios se vendería más). Claro que se estaría acelerando un proceso: el de la progresiva desaparición de las tiendas de discos, los videoclubs y las librerías. Pero sólo acelerando, porque ese proceso, por mucho que nos pese, va a resultar imparable (creo que sólo falta el perfeccionamiento de los lectores electrónicos para dar la puntilla a las ya maltrechas librerías).
Ahora bien, Internet no sólo permite comercializar los productos de la cultura a un precio sensiblemente inferior, sino que abre nuevas y mejores posibilidades para continuar ampliando el “gratis total”. Y también en este terreno el fracaso de la industria cultural ha sido de época. Por ejemplo: han tenido que pasar veinte años para que las empresas discográficas se adaptaran a la nueva realidad, para que aceptaran una propuesta de negocio como la que les han hecho unos jóvenes suecos con Spotify: la música “gratis total” a cambio de mensajes publicitarios o de 10 euros mensuales para quienes puedan pagársela limpia de interferencias. Un modelo que, además, acabará con buena parte de las descargas de música, porque resulta mucho más cómodo escucharla en Spotify que andar bajándose los archivos.
De todas formas, se comprende la intranquilidad de algunos al ver como “todo lo sólido se desvanece en el aire”, y el intento de evitar la corriente que está arrasando con las tiendas de discos y que arrasará con la mayoría de las librerías. Se comprende que haya quienes piensan que “el cine, en el cine”. Pero la realidad se impone: “El número de cines con que cuenta España a fecha de enero de 2009 es de un total de 563, menos de la mitad que los censados en 2003” (Cadena Ser el domingo). Y cualquiera que vea una película en alta definición en una de las modernas pantallas de televisión de 40 ó 50 pulgadas puede asegurar que el número de cines continuará disminuyendo. Por lo tanto, la forma de comercializar el cine tendrá que cambiar notablemente.
La industria cultural en su conjunto se verá obligada a transformar radicalmente su modelo de negocio, pero no cabe duda de que habrá negocio. Y lo habrá pese a que el “gratis total” continuará extendiéndose casi hasta el punto que imaginaron los viejos constructores de utopías progresistas. De hecho, lo que está faltando es que la industria cultural y los más cultos, los creadores, abandonen el muro de las lamentaciones, le echen un poco de imaginación y encuentren la manera de adaptarse a la nueva realidad. Y la encontrarán, porque a la fuerza ahorcan, y porque ya hay quien está viendo la crisis, el paso del antiguo modelo al nuevo, no como una amenaza, sino como una oportunidad.
Tribuna de Jorge Marsá en la Opinión de Lanzarote
Noticia enviada por: Jose Ruiz Valcarcel
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“La cultura gratis que la pague el estado”, dice Bautista

El presidente de la SGAE insiste en que las operadoras de telefonía deben pagar parte de los derechos de autor por las supuestas pérdidas que generan las descargas, y en su caso, si la población quiere cultura gratis, que sea “Papá estado” el que corra con los gastos.
Eduardo Bautista apuesta porque las operadoras, “que hacen un enorme negocio con la distribución de datos” paguen una “tarifa inteligente por los derechos de autor, que no sea obstáculo para el desarrollo de su negocio”.
Y si no, “como todas las cosas tienen un precio”, “si el público, al final, demanda cultura gratis deberá ser el Estado quien la pague, como ya hace con los jueces, los policías o los maestros”.
O sea, que como ocurre con el canon digital, Bautista propone que sea el usuario quien se rasque el bolsillo, ya sea en la tarifa de la banda ancha o mediante el pago de impuestos. Por lo que parece, cualquier cosa para que él pueda mantener su chiringuito.
Teddy también se atreve a criticar al gobierno, su principal y único valedor, que debe “asumir la responsabilidad de que los críos respeten la propiedad intelectual, de la misma forma que se nos dice desde muy pequeños que no se puede robar”, lamentando que la clase política haya “sucumbido extrañamente al clamor de la llamada democracia digital”.
Bautista aprovechó para volver a alabar a la ministra de cultura, calificándola de “prudente, estudiosa y que va a analizar la situación con inteligencia, en la misma línea que César Antonio Molina, en defensa de la propiedad intelectual”, lo único que a este personaje interesa en defensa de su tinglado.
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En una reciente entrevista, el director técnico de marketing de NVIDIA, Tom Petersen, comentó una campaña de marketing de Intel en la que decía que su i7 920, comparado con "otros procesadores", aumentaba el rendimiento en juegos hasta un 80%.
Petersen dijo que Intel se basa sólo en la prueba 3D Mark Vantage CPU, recalcando que realmente no tiene sentido, pues considera que esa prueba no mide el rendimiento en juegos de una forma "adecuada", y que Intel ha sido "poco ingenua" con esa campaña.
Por supuesto, Petersen acompañó estas palabras con argumentos. Entrando en lo importante del argumento principal que dio, su conclusión es que un procesador de doble núcleo (sin poner ningún ejemplo en concreto) con dos GTS 250 en sli, ofrece mayor rendimiento gráfico que un i7 920 con una sola GTS 250.
La cosa no quedó ahí, ya que comentó cómo aumenta el rendimiento gráfico con el procesador, y cómo aumenta éste con GPUs superiores. Por supuesto, la balanza se inclina del lado de las GPUs.
Dejando de lado posibles "piques", está claro que tiene tan poco sentido montar un Core i7 920 con una GeForce 9300, como montar una GTX 295 con un Dual Core de gama muy baja, por lo que creo que no vale la pena sacar las cosas tan de quicio. Si bien es cierto que Intel tiene un producto quizá complicado de vender, más que nada por el precio, está claro que ese extra de rendimiento se paga, dejando a un lado el que una persona prefiera optar por una CPU más económica e invierta lo demás en una VGA más potente.
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Rapidshare no escapa de las garras de las discográficas, sus usuarios, tampoco

El popular servicio de alojamiento de archivos ha entregado información de las IPs usadas para subir material supuestamente infractor de copyright. La información está siendo utilizada para la interposición de demandas legales contra usuarios concretos del servicio.
Algún internauta incluso ha sido objeto de redadas, según revela TorrentFreak, acusado de poner en la red, el último trabajo de Metallica, “Death Magnetic”, un día antes de su lanzamiento comercial.
Distintos medios alemanes han indicado que las organizaciones de derechos de autor están haciendo uso de un artículo de la Ley alemana sobre el particular, para solicitar permisos judiciales que obliguen a sitios P2P o servicios de descarga directa como Rapidshare, a entregar datos personales (IPs) de los usuarios que suben a sus servidores contenido protegido. Esta información sirve para interponer demandas civiles contra usuarios concretos.
La GEMA (SGAE alemana) ya demandó a Rapidshare.de acusándolo de almacenar ficheros de música protegidos por los derechos de autor, y el juez estimó sus argumentos, aunque dejó en suspenso su cierre, obligando al servicio de descarga directa a eliminar cualquier contenido musical susceptible de ser ilegal, algo que la compañía definió como tarea imposible.
Como vemos, la presión de la industria discográfica está resultando efectiva y ya no se ciñe a los portales y redes de intercambio de archivos P2P. Efectiva para llevar a los tribunales a los usuarios, no para aumentar las ventas de discos ni para aprovechar la potencia de Internet para implantar nuevas formas de negocio
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Con Windows 7 cada vez más cerca, Microsoft por fin ha desvelado uno de los secretos que mantenía ocultos, y finalmente Windows XP vendrá integrado con Windows 7 Professional, Enterprise y Ultimate.
Denominado como "Modo XP" (XP Mode o XPM), básicamente virtualiza el entorno de Windows XP dentro de Windows 7. Con esto, los usuarios podrán instalar aplicaciones que sólo funcionaban bajo Windows XP, dentro de Windows 7 sin tener que recurrir a particiones con ambos sistemas operativos o soluciones similares.
Es importante señalar que, aunque Windows 7 viene con "modo compatible" (seguro que recordáis esto, pues ya estuvo presente en Windows Vista y se podía activar al ejecutar, por ejemplo, programas que sólo eran compatibles con Windows 95), no es igual que el XPM. El XPM está integrado en la misma plataforma como producto Microsoft´s Virtual PC 7, por lo que no es lo mismo que correr un entorno de Windows XP a través de hypervisor, si bien al principio se creía que el XPM iba a ser un cliente Hyper-V para Windows 7, al final se ha visto que no será así.
No obstante, el XPM usará tecnologías de virtualización de procesadores actuales de Intel y AMD, como por ejemplo Intel VT.
Con esto, los usuarios podrán instalar una aplicación para Windows XP y ejecutarla sin problemas en el mismo escritorio de Windows 7, aunque se encuentren versiones para Windows 7 de la misma aplicación, sin que esto afecte al núcleo del sistema operativo. Todo esto permite a Microsoft dar soporte a Windows XP en un entorno virtualizado, sin tener que meter grandes cargas de código de Windows XP en Windows 7, mejorando la velocidad, estabilidad y seguridad de Windows 7.
A día de hoy, Microsoft ha dicho que el XPM ofrece una compatibilidad "casi" perfecta con Windows XP, dentro de Windows 7, y que incluirá licencias completas de Windows XP con SP3 en cada copia de Windows 7 Professional, Ultimate y Enterprise, para usar el XPM.
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El 21 de abril, se cumplían 20 años del estreno en el mercado japonés de la primera portátil de Nintendo, la mítica Game Boy. Con más de 200 millones de unidades vendidas en todas sus versiones, la Game Boy pasó de ser una simple consola portátil a, como nos recuerdan en la noticia original, crear un estilo propio, ya que para mucha gente en su momento jugar a una consola portátil era jugar a la Game Boy.
20 años de vida y 7 versiones diferentes desde la primera consola aparecida, mítica por su peso y su pequeña pantalla de color verde y escala de grises-verdes. Atrás quedan ya accesorios como la extraña lupa para aumentar la pantalla o la conexión por cable para jugar en red.
Recordemos sus características:
•Procesador de 8 bit Sharp x80 a 4,19Mhz
•8kB de memoria S-RAM
•8kB de memoria de vídeo
•Memoria ROM en CPU de 256 bytes
•Pantalla LCD de 160×144 píxeles con cuatro niveles de grises-verdes
•Salida de audio estéreo para auriculares, y un solo altavoz externo
•Se podían conectar hasta 2 Game Boy con cable
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